miércoles, 7 de agosto de 2013

De Cincinnati a Canadá


Por Eva Feld

Tres mil quinientos kilómetros en dos extraordinarias semanas  a lomo de motocicleta no pueden ser recogidos en palabras: Harían falta muchas más onomatopéyicas de las que existen en el diccionario, también sería imprescindible un elenco mayor de interjecciones y exclamaciones,  pero sobre todo sería menester emplear un tiempo verbal que fusionase el presente continuo, el gerundio y el pasado simple, lo cual redundaría en un yo sostenido, pues no se puede negar que el cabalgar a toda velocidad acelera el propio corazón y catapulta la emoción siempre en la primera persona del  singular. Aquello que se ve en un instante deja de existir en el siguiente. Pongamos por caso un par de venados a la orilla del camino. No acaba uno de registrarlos en la retina, cuando aparece en medio de una reverberante  arboleda un inmenso lago cuyo horizonte queda pronto sustituido por el astro  más luminiscente. Ése que en la hora meridiana del verano convierte el agua en hojilla de plata refulgente en continuo movimiento.  Se  genera una nostalgia instantánea cuando una curva nos aleja de su resplandor o cuando se atraviesa en el espectro visual una gandola infinita o una caravana de casas rodantes. La nostalgia también es tránsfuga, no existe tiempo, en la moto, para que se instale ninguna, pues cuando la civilización de combustión interna intercepta la mirada en una dirección, siempre queda otra: las nubes estrafalarias, los pájaros peregrinos, el otro costado de la ruta y la propia sombra proyectada sobre el pavimento. Una que luce mitológica: pies de ruedas, cuerpo de animal desbocado y macrocéfalo por el efecto del casco.


Dicho esto tan subjetivo, tan intangible y volátil, que cobre espacio algún dato verificable, como el itinerario, por ejemplo. Primera parada el lago Erie en Pensilvania,  uno de los llamados “Grandes Lagos” cuyas aguas alimentan el lago Ontario, el cual se derrama en las Cataratas del Niágara en su paso hacia el río San Lorenzo para finalmente desembocar en el Océano Atlántico. En la ciudad de Erie, hay alborozo  pues justo se celebra un evento motero en la calle principal que conduce al lago, en las cervecerías no cabe un alma. Hombres y mujeres con atuendos de cuero y bandanas multicolores comparten a gritos sus travesías, sus peripecias, sus aventuras. Sobre el lago sopla un viento constante que refresca a los pescadores de orilla y emociona a los veleristas  en torno a las boyas que signan el circuito de la regata vespertina. A las siete post meridien aún les quedan dos buenas horas para medirse en ceñida, amurados a estribor, para la partida y luego, en zigzag hasta alcanzar la próxima marca y finalmente, desplegar hermosas velas, que semejan paracaídas, para avanzar más rápido en la empopada.

La meta del próximo día es Albany, la capital del Estado de Nueva York. Una breve inmersión en unos Estados Unidos auténticos, con edificios históricos, con gentilicio y, por qué negarlo, con una gastronomía que rompe con la tradicional comida insípida y repetitiva del midwest americano de donde arrancamos. El sitio se llama Macguire y anuncia buen pescado y mejores mariscos. Resulta  una combinación deliciosa el matizar con sabores y aromas exquisitos la sorpresa ante las edificaciones centenarias. El palacio judicial, la casa de gobierno, las iglesias del siglo XXVII, alguna calle adoquinada, pequeños teatros, cafés, bares. Pujante vida urbana que vista a vuelo de pájaro luce ideal sobre todo para la comunidad universitaria que a esa hora de la tarde/noche va tomando posesión de todos los espacios, el sonoro, el visual y sobre todo del etílico…

Si es domingo es Boston y Cambridge: El propio sincretismo. Allí convive el pasado con el futuro, la tradición con la innovación, el desafío con la ensoñación, la poesía con la ingeniería, la historia con la ciencia ficción; los edificios ultramodernos, alguno incluso a base de latas en reciclaje, con cenáculos universitarios que se remontan a los comienzos de la vida académica: perfectamente delimitados  se distingue  el centro financiero y los vastos espacios peatonales, comerciales, deportivos, culturales, étnicos, recreacionales, culinarios. Boston bulle. Sus habitantes  incluyendo a los gobernantes no permiten que el duelo por los caídos,  por los heridos ni por las pérdidas millonarias causadas por el terrorismo durante el último maratón emblemático de su ciudad, los desalme. Quedó trazado en el recorrido del autobús turístico el lugar del dramático acontecimiento pero también la determinación de superarlo tomando mayores previsiones. Menos lamentaciones y más soluciones parece ser la consigna de quienes allí viven.  Por cierto que Boston suma el mayor porcentaje de luminarias de Estados Unidos, sin que los estudiantes que asisten a sus famosas universidades se dediquen exclusivamente a quemarse las pestañas estudiando. Los de M.I.T, por ejemplo, suelen gastarle bromas a los transeúntes. Eso sí, bromas de gran altura…  Una vez, por ejemplo, se apropiaron de una patrulla de policía, la desmontaron por completo para volverla a armar en la cúpula de la universidad donde le colocaron al lado un muñeco vestido de policía con su caja de donuts gigante… Y es que en Boston el ambiente da para eclecticismos.

No en vano ha adoptado el estado  Maine la consigna de “vacaciolandia”. Apenas se traspasa la frontera, aunque sea un lunes,  se respira un aire de lisura  y bienestar. Sólo una queja,  desde el mapa se tiene la ilusión de que los caminos bordean el océano y no es así. Apenas  se logra atisbar aquí o allá un pedacito de mar. Incluso habrá que desviarse del camino para aspirar un remoto sabor salobre o para envidiar a los privilegiados que ocupan las bellas casas veraniegas  de la costa.  La genta anda por allí en traje de baño, muchos carros remolcan lanchas y canoas, los niños llevan  tablas y salvavidas, los adultos cavas, helados, toallas, paletas y pelotas. Pero el mar no está a la vista sino siempre detrás de una colina o de los arbustos, o de las casas, o, incluso más allá. Sirven de consuelo infinitas ventas de cosas curiosas, de antigüedades, de artesanía, de objetos kitsch. Maravillan también los jardines. Y, sobre todo, el arte culinario: langosta, cangrejo, ostras, almejas miniatura que se llaman “cherry rocks” y cuyo dulzor confunde el paladar; también calamares y camarones, pescados blancos como el hadock, mejillones ahumados y, por supuesto abundan personajes pintorescos, pescadores y hacedores de redes como también artistas con irregular talento pero mucho entusiasmo.

En la costa Este se siente un soplo genuino y autóctono. Incluso los turistas adquieren pronto el aura oriental. Se ve gente bien vestida, se escucha un inglés diferente.  Uno hablado tan deprisa que apenas se entiende.  Acaso eso tienen en común los estadounidenses orientales con  los de Venezuela. Será lo único, pues en Maine todo está prolijamente organizado. Se sabe perfectamente la hora de salida de las excursiones y de los barcos y duran exactamente el tiempo estipulado. El destino principal en Maine ha de ser el Parque Nacional Acadia, que ocupa una isla cuyo epicentro es el puerto de Bar, desde donde salen dos paseos diarios en súperlancha a ver las ballenas y con ellas perder la compostura. No existe otra manera de mirarlas que no sea gritando de la emoción. Una jovencísima bióloga marina se encarga de dar las explicaciones. Enternece su entusiasmo, su enamoramiento. Las ballenas migran todos los años desde México donde procrean. Vienen al golfo de Maine porque allí el mar contiene muchos nutrientes que favorecen la reproducción de los arenques que consumen por toneladas.

El parque Acadia es el más nuevo en los Estados Unidos y fue creado por iniciativa privada. La entrada cuesta diez dólares pero es válida por tres días. Hacer el recorrido en moto resulta paradisíaco. Sobre todo el arribo a la cumbre de la montaña Cadillac desde donde la vista es espectacular sobre un archipiélago conformado por pequeñas islas que envueltas en la bruma lucen oníricas. En Acadia hay una playa de agua verde y cristalina y guijarros y gaviotas. También hay demostraciones en vivo de la fauna silvestre; existen numerosas caminerías para andar a pié y también para hacerlo en bicicleta. Para quienes van a pasar más tiempo hay paisajes más adustos, desérticos, inhabitados. La vida vespertina en Bar Harbor ofrece numerosos restaurantes y bares y tienditas y heladerías y cervecerías. Durante el día, además de ir a ver las ballenas se puede salir a pescar langostas, o a navegar en un hermoso buque o simplemente echarse en la grama a mirar lejos o escudriñar historias en los miles de rostros que desfilan continuamente con sumo placer.



Nuevamente a lomo de centauro, el nuevo rumbo es Quebec City, una pequeña ciudad francófona de Canadá. Quinientos kilómetros rodando no impiden una primera salida a conocer el casco antiguo.  Para llegar allí se puede tomar un autobús urbano, el único requisito es llevar el monto exacto para pagar la tarifa: tres dólares canadienses, los cuales, por cierto, superan a los americanos en diez por ciento. La sorpresa es mayúscula, Quebec  parece una ciudad europea.  El casco antiguo sigue amurallado y a pesar, de los numerosos incendios que destruyeron gran parte de la ciudad en varias oportunidades, se ha hecho el esfuerzo de conservar su autenticidad. Mención aparte merece nuevamente la gastronomía francesa: quesos supremos, charcutería exquisita, delicatesen de primera. Menos francés es el idioma, que aunque lo sea, no se entiende por la pronunciación y los regionalismos. Al día siguiente el consabido autobús turístico para conocer al menos lo imprescindible.  Algunos datos sorprendentes: Canadá es el segundo país más grande del mundo después de Rusia y sin embargo apenas cuenta con una población de treinta y tres millones de habitantes, de los cuales más del cincuenta por ciento son de procedencia extrajera. Dato turístico: El Circo del Sol le regaló a la ciudad de Quebec un espectáculo diario gratuito durante cinco años para conmemorar su cuatricentenario (el 2013 es el último). Otro: en la orilla del rio San Lorenzo hay un enorme silo que ocupa cerca de una manzana sobre cuyas paredes frontales y cóncavas se proyecta todas las noches, también gratis,  una película especialmente diseñada  para semejantes dimensiones. La mayor cantidad de turistas llega a Quebec City por barco, en temporada alta atracan hasta cinco cruceros y  la mayoría  prefiere el otoño por la espectacularidad de los colores y las tonalidades. Los guías son perfectamente bilingües y no solo conocen la ciudad como la palma de su mano sino que la muestran con infinito orgullo y un toque de  fino humor. Hablan sin pudor sobre la política y sus gobernantes y cuando se encuentran varios en la estación principal apenas pueden ocuparse de sus cigarrillos, que terminan consumiéndose en sus manos, porque conversan y se ríen sin cesar.

El nuevo día se llama Montreal,  una metrópolis en todo sentido, también llena de historias y anécdotas. La coincidencia y el precio nos llevaron a alojarnos en el  populoso y divertido barrio chino en el que hay más comederos vietnamitas que propiamente chinos.  Una  excelente sopa de fideos, que ellos llaman Pho, nos repuso de las fatigas del trayecto y enseguida el barrio antiguo con su suerte de ramblas donde maromeros y músicos deleitan a los paseantes, desde la estatua del comandante Nelson hasta el puerto fluvial. Al día siguiente, nuevamente el autobús turístico para conocer lo imprescindible. Luego, nueva tanda de quesos francés y terrine de jabalí. El desayuno, como casi todos los días del viaje,  fue con un pie en el estribo, esta vez, con destino a Toronto. Otro jalón larguísimo, suficiente como para paladear algunos detalles curiosos del viaje en moto. Por ejemplo, el momento de cruzar la frontera.  Hacerlo en dos ruedas implica una estrategia, hay que  apagar la moto, quitarse los guantes para poder sacar los pasaportes y se tiene siempre una sensación de incertidumbre, pero en Canadá nos tocó un funcionario no solo motero, sino uno de esos que se hacen llamar “iron buts” que significa culo de hierro, porque su especialidad es hacer larguísimos trayectos sin detenerse. Éste, por ejemplo, pretendía llegar desde Quebec  hasta Kansas City y regresar en treinta y siete horas. Hablamos más de motos que de documentos y nos quedamos con su risueño rostro y sus buenas maneras por muchas horas. 

El viaje desde Montreal hasta Toronto involucra un trayecto de unos casi 400 kilómetros con muchas paradas porque las vías muchas veces son intercomunales, con semáforos y embotellamientos.  Las múltiples paradas sirven para estirar los miembros, para mover la cintura y para echar un vistazo más detallista a los letreros, a las vallas y a los conductores de otros carros para adivinarles su idiosincrasia. Finalmente en Toronto, confrontarnos con datos alucinantes:  la arteria principal que atraviesa la ciudad de Norte a Sur, la Yonge, mide cuarenta kilómetros, sobre ella y a partir de ella comienzan a contarse las calles y las avenidas, pero también los precios de la propiedad horizontal. Por supuesto que hubo, allí también, paseo en autobús turístico y escala en la Torre de 533 metros de altura, desde donde puede observarse toda la ciudad en los 360 grados  que abarca. El lago Ontario que los niños confunden con el mar por su magnitud, el aeropuerto metropolitano, el edificio  dorado construido efectivo con láminas de oro de veinticuatro quilates por sus ventajas en  el aislamiento de las temperaturas extremas de la ciudad. Una de las guías del tour relata con sorna que el Toronto la tenencia y el consumo, en pequeña escala, de la marihuana están despenalizados, pero que al mismo tiempo está terminantemente prohibido comprarla, venderla o sembrarla.  “ustedes me dirán… –decía la muchacha- Si les cae en las  manos por arte de magia, fúmense el porro sin miedo”. Toronto es una metrópolis multicultural y multiétnica en la que sobreviven tres millones de personas, una suma de peatones y conductores que según sus habitantes solo conocen dos estaciones, la de invierno, que dura unos nueve meses  y que colapsa el tránsito por la nieve y la de las construcciones (es decir, el verano, que es cuando pueden hacerse las reparaciones de las vías y las edificaciones nuevas y que también  hacen colapsar el tránsito automotor). Toronto es una ciudad emparentada con Chicago. Ambas tienen un gran lago y ambas despliegan una arquitectura de avanzada. Para el año que viene se ofrece un parque recreacional en la rivera del lago Ontario que no tenga nada que envidiarle a su gemela estadounidense. Sin embargo, Toronto tiene algo de lo que carece Chicago: una playa nudista… Y para mí  en particular posee además una importante parcela afectiva, pues allí acaba de inmigrar desde Venezuela una gran amiga de la infancia. Un paso que les ha valido a muchos venezolanos exitosos mucha sangre, sudor y lágrimas. Pero quienes, como ella han dado el paso aprenden cada día a conciliar la nostalgia por nuestros paisajes y nuestras costumbres con el reto paradójico de construirse un futuro en la tercera edad.

La última escala del viaje en moto será en las cataratas del Niagara, las cuales al igual que muchos monumentos no significan nada vistas en películas y en fotos, pero en vivo y en directo tienen un atractivo inenarrable. El agua blanca, oxigenada e irisada en cortas olas que se atraviesa en los barquitos turísticos semejan una tempestad en escala ficcional, la proximidad a las cataratas en sí transmiten un efecto purificador, los pájaros que sobrevuelan aquel espectáculo simplemente dan envidia.

La industria del turismo ha convertido el Niágara en más que solo cataratas. Allí se consigue de todo, desde un museo de cera hasta otro de curiosidades Ripley, desde un parque de atracciones hasta tiendas  y restaurantes de marca. Asiáticos, caucásicos, afrodescendientes , cons sus respectivas proles, idiomas y presupuestos disfrutan cada minuto como si se tratara de una carrera contra el reloj.

El regreso a los Estados Unidos de Norteamérica es por la frontera de Buffalo, en el estado de Nueva York y de allí en adelante tardamos dos días y una noche en regresar a casa por autopistas impolutas. En Cleveland nos despedimos del lago Erie, de Columbus solo vimos la silueta de sus edificios, dormimos en un pueblito vacacional de Ohio y cenamos en un típico comedero del midwest en el que enormes comensales devoraban hamburguesas y alas de pollo con abundante mayonesa y ketschup. El regreso a Cincinnati no pudo haber sido más grato, nos esperaba un espléndido día de sol y de nietos. Para muestra están las fotos.


A veces me lamento de no tomar más fotos, de no hacer anotaciones, de no llevar una bitácora, pero al final lo más trascendente del viaje en moto es haberlo hecho y, en consecuencia, uno queda más con el deseo de emprender el próximo que de recordar los detalles del que ha concluido.

domingo, 1 de julio de 2012

Two Sides of Mount Rainier

The mountain was hiding behind a blanket of clouds and cold drizzle. We rode under the rain for most of the day on our way from Kennewick,Wa. to Mt. Rainier National Park. We were prepared to find rain once we got closer to Seattle, but we did not expect it to be so cold. We rode through a Ski area called The White Pass where we stopped to warm up with hot chocolate and snacks. It was snowing a stone's throw away from us in the mountain. We arrived to Mt Rainier and were surprised to see huge piles of snow around the Paradise Lodge. Eva, Tiberiu and Juan stayed at the lodge while Domingo and I headed to the Cougar Rock campground. We would camp there only if it did not mean pitching the tents on top of snow. We were fine, it was a cool place nestled in the woods. We set up camp and went for a hike before sundown.

We woke up to a bright sun, blue skies and white slopes. The massive volcano was not shy at all and it's attraction could be felt. You could not take your eyes away from it. We rode back to Paradise and the area was bustling with outdoor activity. Hikers, bikers, runners, and people ready for summer skiing and snowboarding. We admit it. We were envious. We rode around a totally new mountain and met up to continue our journey.

viernes, 29 de junio de 2012

Powering through Oregon.

We were still on highway mode. We pulled another 300+ mile day and drove through Oregon into Washington State. We rode and rode and it was like traveling back in time. It
was so dry and desolate. It's as if Oregon meant to give you a taste of how rough the Oregon trail was for the early settlers.

We tried a few highway exits to rest and there was nothing. The gas station we found looked like it was from the 40 or 50s. We finally saw a rest stop and it was like an oasis. The lawn was
freshly mowed and there was plentiful shade. It deserved to be titled "the very best patch of grass of the entire trip". We then crossed the blue mountains and were greeted by green fertile valleys and winds that made our bikes rock. We arrived to Kennewick on the edge of Wine Country, Washington.

Idaho. Desert, Craters of the Moon and Boise

After Jackson, we decided to rack up miles so we could have more slack in the upcoming days. We rode through the south of Idaho and skipped the National Forests of the north. We were Ok just burning fuel and rubber. We thought we may need the time later.

We had an amazing breakfast at a place called Scracth. We stopped at a small town junction in Idaho and asked around for a place to eat and landed there. It would be worth to drive 15-20 miles from Jackson just to eat there. Seriously.

We then rose through the Idaho desert in 95F degree heat. Not much to see on either side of the road, and that may be the reason why the first nuclear reactor was tested there. If something blew, it would be Ok.

We stopped at the Craters of the Moon National Monument. It was created because of a fissure/eruption that spewed lava all over the place. We were told it's on a 2,000-year cycle and it's due for activity now.

We arrived to Boise Idaho at sunset 370 miles later. We found out that the city had a Basque area downtown and decided to have a late start the next day to check it out and grab a bite. We also made sure to buy Spanish Chorizo that would make a couple nice meals when camping.

We now were ready to tackle Oregon and make into Washington State.


lunes, 25 de junio de 2012

The Grand Teton.

Speechless. The ride alongside the Tetons, as we made our way to Jackson, WY, was something else. I am not going to even try and describe it. I am just telling you that Domingo actually stopped and had to take pictures. He could not take it anymore.

We got to do a short 1-hr hike along the base of the mountain right alongside Jenny Lake. We were itching to go as high as we could but we simply did not have time.

Yellowstone. Until the Next Time.

The time had come to leave Yellowstone. It makes it easier that we know we'll be back. Also, we gotta find out what lies ahead.

On our way out of the park, we rode south via the lower loop. The geysers on this area made the ones at Norris basin look like child's play. The color palette created by the minerals and bacteria is stunning. For the grand finale, Old Faithful. What a sight.

domingo, 24 de junio de 2012

Yellowstone. Day Two.

We continued to explore the park both on foot and on our bikes. In the morning, we hiked up 6-mi to the fire lookout tower in Mt. Washburn and back. This is the hike you must do if you only have time for one. You're rewarded with views of the park in every direction.

Juan and I then headed to explore the Yellowstone Upper Loop with tons of stops along the way. We got
to walk another 1.5 miles in the Norris Geyser Basin and then checked out the formations at Mammoth Hot Springs. At the latter, Elk had taken over the village road!

We ended another amazing day at the Yellowstone Grand Canyon, after running into another bear on the side of the road. We are so ready to bring our families here!

viernes, 22 de junio de 2012

Best seat of the house

Acabamos de llegar a la cima de de mt washburn. 3.7mi walk, up to 10200 ft
Elev

Buenos dias desde Yellowstone

The Magic of Yellowstone. Day One.

Yellowstone is such a magical place! It becomes even more so when you realize you're atop an active volcano. The park is immense and filled with splendor in all directions. Then, there js the wildlife. So much to see and do and so little time. We are glad we don't have to pack up our tent and be on our way today. We'll spend the next 2-3 days in the Yellowstone/Grand Teton parks.

The drive into Yellowstone was spectacular "as usual". We set up camp and then rested a bit. Also, I was impressed to see how the park is run very efficiently with tons of visitor facilities. You can virtually find all the comforts from home.

Based on the recommendation from Jake, a friend of Juan's, we headed to Lamar Valley in the afternoon. Mentioning that it was the "Serengeti
of the Americas" sold us.

It was amazing to encounter all the wildlife along the road. We were filled with adrenaline when we saw a bear with two cubs crossing the road right in front of us. While everybody can take shelter on their cars, there we were - exposed on our motorcycles with really no easy escape. There are cars in front and behind you blocking your way and you're left with very little room to maneuver. It's great that you're up close at all times when riding the bike, but we want to make it back in one piece. It is hard to decide whether to keep your hand on the throttle or your finger on the shutter. We also saw a fierce chipmunk and I risked my life to take a picture for Sofia and Sebastian. They'd be running after them if they were here.

Today we'll give the bikes a bit of a break and do some hiking.

jueves, 21 de junio de 2012

Que aventura!

Hemos manejado 1,000 millas en moto! Increible que hace menos de 7 meses compre mi Versys, Alejandro su Ducati, aprendimos a manejar desde cero y ya hemos manejado en montaña, desierto, en autopista, calles de piedra y carreteras de tierra, curvas en subida y bajada.

Los paisajes son difíciles de describir. No caben en fotos, ni pinturas, es una mezcla de sentidos, con adrenalina, con sonidos y vistas, que vistas!

El primer dia; si es que recuerdo porque los dias pasan y no sabemos que pasó, cuando o dónde. El primer dia, fuimos a Badlands, un sitio que no se puede creer. Arido, desierto, con unas formaciones hechas por erosión, pero es como si se hubiese caido el piso en forma de laberinto. En moto paseamos por caminos de piedras, y se nos atravesaron unos venados o algo parecido, encontrar este sitio fue nuestra primera sorpresa. Luego, en la carretera principal, manejamos en laberintos de montaña y rocas enormes, con subidas y bajadas, con chivos enormes que se paraban a lo alto reclamando su territorio. Tanto nos gusto, que hicimos ese camino dos veces, de regreso nos tocó ver el atardecer, con el Sol cayendo detrás de las las siluetas de montaña más increíbles.

El segundo día, lo pasamos en Mt Rushmore y Black Hills. Uno no se puede imaginar esa escultura hasta que estas ahí. Las postales no le hacen justicia a lo majestuoso de esas 4 caras. Gigantes, en el medio del bosque, blancas y perfectamente esculpidas. Pero como? Dimos un paseo, en el cual te enseñan desde tipis de indigenas de la zona, hasta el estudio del escultor que logro proyectar una maqueta a una montaña que requirio 14 años para esculpir y mas de 400 hombres que tenian que caminar 3 millas desde sus casas, cargados con más de 50 lb de equipo, todos los dias del año, y estar en la cuspide de la montaña a 700 escalones de la base, a las 7 am! Saliendo del monumento seguimos por los Black Hills, por la carretera 16A. Esta ruta es un loop, que nos tomó mucho mas tiempo de lo pensado. Pasamos rápidamente por la escultura de Crazy Horse, que no nos convenció mucho. Y luego seguimos mor una carretera que parecía construída por un corredor de motos, la disfrutamos muchísimo!

El tercer día lo recibimos en un pueblito llamado Deadwood. Y la verdad es que era dead. Un pueblo donde hay puro Casino, fue casa de Buffalo Bill, los restaurantes cierran a las 8 pm y no te puedes estacionar en la calle! No nos gustó. Pero, de ahi tomamos la autopista I90 hasta Sheridan. Dejamos de ver the Devil's Tower porque pensamos que la autopista nos iba a tomar mucho mas tiempo. Google Maps no sabe que nuestras motos pueden y van mas rapido de lo que el sugiere (sin detalles). Esta autopista fue un reto técnico, el viento te queria botar del pavimento, a la vez que te queria sacar el casco; que cansancio. Nuestro cansancio dió frutos, pues cuando salimos de la via principal encontramos un lago, donde descansamos, y Domingo se echó un chapuzón refrescante. Llegamos a Sheridan, otro pueblito donde la tienda de deporte lo que tiene son armas de infinita variedad y calibres, en vez de raquetas de tenis o zapatos de goma. Ahi pasamos la noche en un campamento.

El cuarto dia subimos hasta 8000+ pies de altura, una montaña llamada Bighorn. Pinos, bosques, lagos, nieve y amenaza de lluvia. Un sitio precioso. Te volteas y ves como se abre la sabana que acabas de dejar, avanzas y lees avisos de puestos de esqui, o alquiler de snowmobiles. No se entiende! Estoy en moto, pero ahi dice que ese es un paso de snowmobile! Alli Eva y Tiberio se quedaron en un hotel, y los tres chiflados se fueron a acampar. Buscamos un sitio cerca de un rio y lejos de la gente, y ahora se nos hace realidad el peligro de los osos. En todos lados dice, cuidado con los osos y 15 cosas que no debemos hacer. Armados con el 'cayenne' pepper spray para osos que nos prestó Victor, con alcance de 9 metros y duracion 7 segundos; lo suficiente para que tu vida pase ante tus ojos, nos vamos a comer como a 50 metros de nuestro campamento para no dejar trazas de olor. Dormimos como bebés hasta que el primero tuvo que pararse a hacer pipi a las 4 am, cuando todo esta oscuro y oyes pasos de osos imaginarios al tiempo que el frío hace que no lo pienses mucho.

El quinto dia fue de contraste. Este bosque hermoso de un lado de la montaña se convirtió en zona árida, de piedras y arbustos corticos. Seguimos bajando hasta que el calor nos hizo parar. Ahi tomamos la decision de ir a Red Lodge para tomar el Beartooth Pass. Esta decision dependía del clima y condiciones del camino (nieve). En nuestro apuro tuvimos que saltarnos el Bighorn Canyon; un cañon como colorado (claro mucho mas pequeño) con caballos salvajes, mustang. Llegamos a Red Lodge en Montana, un pueblito tipico de esquiar. Despues de comer acampamos via el Beartooth Pass. Nuevamente, amenazas de presencia de osos. Pero ya la cosa es normal. Hay gente alrededor, ya sabemos que hacer, estamos tranquilos.

El sexto día es El Beartooth Pass.
... To be continued

The Beartooth Pass. Wow.

Majestic. That's just one of the words that describe the Beartooth Pass and the road from Red Lodge, MT to Cody, WY. So many spectacular and different landscapes. It's like somebody taped a post card to our helmets - and then gave us a new one every 15min. We could spend a lifetime taking pictures but we were there to ride. Also, I can't get Domingo to stop! We'll have to come back. :)

The ride starts with turns through a u-shaped valley amid snow-capped mountains with pine covered slopes. As we got up to 11,000 feet (3,m), summer still had not arrived, the many lakes were still frozen and there were people skiing. Roads were just plowed in memorial day and snow was a few feet high next to some parts of the road.

As we made it over the top, our next mountain range let itself be seen. As we started our descent, we rode through changing landscapes. Forests, valleys, canyons, amazing rock formations, etc. We arrived to Cody, WY with its drier more desert-like landscape. Exactly what I pictured a Western town like. We set up camp next to a lake. Domingo and I cooked over the camp fire while Eva, Tiberiu and Juan went to the rodeo.

Next, Yellowstone.

miércoles, 20 de junio de 2012

At the foot of the mountains in Montana

If the trip had to end now, it would still deserve 5 stars. From the minute we wake up to when we finally go to bed, the scenery is simply mesmerizing. Then, there is the riding. Oh, what fun.

We took our time to do laundry, have a hearty breakfast, and clean up at the Bear Lodge in the Big Horn National Forest. We were also waiting for the weather to warm up a bit. We then continued to climb up the road and reached more than 9,000 feet above sea level (3000 meters). There was still snow around! We then set out to enjoy the view as we rode the steep descent to the Big Horn Basin. You don't want to make a mistake on these roads.

Once in the Basin, we were on our way to Red Lodge, Montana. Before we had to get there, though, the Ducati had to endure five very rough miles. There was construction on the road, and there was no road. My bike, unlike the BMW 1200GS and Kawasaki Versys, is NOT made for this. It still made it and was happy to find some smooth curves ahead. We got to the town with plenty of sunshine left to go have a bite and then look for a place to camp. We brought some leftover pizza on my bike to the site in the Custer National Forest. It should make for a tasty breakfast if the bears don't eat it first.

Next, we tackle the Beartooth Pass, one of the most scenic roads in the US. We are really wondering, how better can it get?

martes, 19 de junio de 2012

Inside Out. Front to Back. Not!

For those of you who have expressed concern about just having 3 pair of socks and underwear, it is my pleasure to inform you that we've stayed civilized.

Special thanks to the folks from Gain Detergent. It cleaned up hours of you-don't-really-want-to-know and left behind good old laundry freshness.

The monster also proves useful for more than just riding. :)

Goodbye S.Dakota, Hello Wyoming. The Big Horn

We continue on our journey west towards the mountains. We decided to ride the interstate to get to the Big Horn National Forest with plenty of daylight to enjoy the scenery and find a good place to camp. We did not visit Devil's Tower because we thought it would be too long a day If we did.

At the start of the day, the snow-capped mountain range was a light blue silhouette in the horizon. Then, we were next to them in no time. We averaged 75-80 miles in I-90 and had to press hard against wind gusts that made our motorcycles swing from one end of the lane to the other. If you were riding behind us you could see is leaning into the wind as I were taking a turn.

We stopped at a lake in Buffalo where we took a break and Domingo went for an alpine dip. We got to Sheridan, had a late lunch, and ran a few errands (like buying fuel for the camping stove.

We then set out to ride into the Big Horn National Forest. What a steep climb! The road is at an altitude of 8,000+ feet (2.5 Km). The curves were very smooth and vertigo inducing. Wish we had taken our time to stop and take pictures but it was around 7pm and we did not know how long it would be before we'd find a place to sleep. We finally arrived to the Bear Lodge, where Tiberiu and Eva were going to stay. Juan, Domingo and I went to pitch our tents at a nearby campground in the woods. We set up camp, cooked our dinner and took the necessary precautions against Bears. We went to sleep to the sound of thunder and flashes of lightning and woke up to the sound of flowing water from a creek right next to us.

Next Up, Red Lodge, Montana. Here we come.

lunes, 18 de junio de 2012

Mt Rushmore & Black Hills

What a day! We overdid this one. We rode the highway from the Badlands to Mt Rushmore and Crazy Horse. We stopped to tour the monument and then went on to enjoy the twisty roads of the Black Hills. You can tell we were too busy riding that we did not take one single snapshot of the way. Not only are the Black Hills beautiful but they are a blast to ride. In the last 24 hours I've carved more curves than in the 5 months of owning the bike. Special mention to a stretch of the wildlife loop in Custer National park that could very well be a race track. You could be sure there were smiles under those helmets. By the end of the day, our bodies were hurting! we should have taken more breaks. it's just the beginning.

Badlands

The first order of business in Rapid City was to take the bikes out and undo the hack to the uhaul track. We had installed D-Rings all over to hold the bikes securely. We were also waiting for Tiberiu and Eva to arrive. They flew in.

We immediately headed to the Badlands. What a surreal place! Riding a motorcycle makes it a very up-close experience. Apart from the landscape, we ran into goats and prairie dogs. Coming out the park, we rode into the sunset. The colors were amazing.

domingo, 17 de junio de 2012

5 states in 24 hours. We made it.

Time is our most precious commodity. We only have two weeks and we did not want time pressure during the trip. That would feel too much like work.

So we rented a u-haul truck and knocked off 1,200 miles of cornfields in one day.


viernes, 15 de junio de 2012

Escaped the gravitational pull of Cincinnati

Officially on our way. It took longer than we thought but we were able to escape. Here we come. Wish us luck!